Una cuerda de guitarra tiene una función muy clara: hacer música. Pero para que suene bien, debe estar perfectamente tensa. Si está demasiado floja, no produce un buen sonido. Si está demasiado tensa, puede romperse. Es un equilibrio delicado: estar lo suficientemente firme para dar lo mejor de sí, pero sin llegar a romperse por la presión.
El perfeccionismo y la autoexigencia se puede sentir como una cuerda de guitarra, solo que el ajuste constante es tuyo, y crees que para que se produzca una buena música tienes que cumplir con todas las expectativas, con cada pequeño detalle, porque si no sientes que algo se rompe, como si tu valor dependiera de ese resultado perfecto, esa melodía idónea que gusta a todo el mundo.
Lo curioso es que, al igual que la cuerda de guitarra, cuanto más te tensas, más fácil es que te desgastes. Para que pueda funcionar bien tiene que mantener bien el equilibrio entre tensión y relajación, y tú también necesitas encontrar ese punto en el que te permitas aflojar un poco, ser flexible contigo mismo/a y poder funcionar de una forma saludable, donde lo que tienes sea suficiente, aunque no sea una música perfecta.







