¿Alguna vez has intentado sintonizar una emisora de radio, con esas expectativas de escuchar algo que te guste, y todo lo que recibes es un ruido molesto, o fragmentos de canciones que saltan de un canal a otro y que no tienen sentido?
Qué sensación más frustrante. Tratas de ajustar la perilla un poco, una y otra vez, pero nada. A veces terminas simplemente poniendo un CD que ya te sabes de memoria, algo que sabes que va a sonar bien, que no te va a dar problemas, aunque ya lo hayas escuchado mil veces.
Ahora, imagina que esa radio es tu vida sexual. Al principio, todo va bien. El deseo fluye, las cosas se sienten naturales, pero a veces, sin saber muy bien cuándo, empiezas a sentir que algo no cuadra. Quizás una persona siente que su cuerpo no responde como antes, que ya no tiene ganas, o se siente presionado/a porque no sabe cómo satisfacer las expectativas de su pareja. O esa pareja que, con el tiempo, empieza a notar que la intimidad ya no tiene la misma chispa, que el deseo ha disminuido… de repente, no solo hay falta de deseo, sino que aparece la frustración, la inseguridad, y tal vez hasta la vergüenza. La frustración es real, como cuando sigues girando la perilla de la radio, y en lugar de seguir buscando esa «frecuencia» que ya parece que no funciona, algunas personas prefieren poner el CD conocido: evitar el sexo. Es más fácil, porque te ahorras la frustración, pero evitarlo no lo resuelve. De la misma forma que escuchar siempre el mismo CD te deja con las ganas de explorar algo nuevo, evadir la intimidad solo refuerza la desconexión.
No siempre es fácil, pero hablar de lo que nos pasa, ser honestos sobre lo que necesitamos y darle espacio a nuevas formas de disfrutar de la sexualidad puede cambiar todo.







