¿DESDE CUANDO LA INDIFERENCIA FORMA PARTE DE LA RUTINA?

ES MOMENTO DE REFLEXIONAR JUNTOS

¿Sabías que, según estudios, mudarse está catalogado como uno de los tres eventos más estresantes de la vida?

Es curioso como algo que al principio nos despierta mucha ilusión, emoción y fluye perfectamente comienza a convertirse en una fuente de estrés. Lo divertido que parece ir a comprar muebles y lo frustrante que es sentarte a entender las instrucciones de montaje. Al final, la mudanza se convierte en un desastre de cajas, muebles que no caben, y decisiones difíciles sobre qué tirar y qué no.    

Y lo mismo pasa con las relaciones de pareja: al principio todo fluye, es emocionante, todo encaja. Pero con el tiempo, esas tensiones, malentendidos, o expectativas no cumplidas se van acumulando, igual que eso que juraste que tirarías el año pasado pero sigue estando en el armario. 

En las mudanzas casi siempre llega un día en el que tienes que parar, revisar y reorganizar. Pides ayuda para tirar cosas que entiendes que no necesitas, comienzas a tomártelo con más calma, empiezas a decorar y a ver que realmente el espacio toma forma y sentido y se convierte en algo que disfrutas y es confortable. 

Las parejas también necesitan momentos para revisar, reorganizar y decidir qué cosas pueden dejar atrás, qué cosas necesitan un poco más de atención y qué cosas realmente merecen seguir. Está bien que cuando una relación está llena de cajas por desempacar, hagamos cierta limpieza y evitemos convertir la relación en un almacén que cada día se llena más.   

 

¿CÓMO SE SI TENGO PROBLEMAS DE PAREJA?

LAS DIFICULTADES EN UNA PAREJA PUEDEN VIVIRSE ASÍ:

 Si sientes que hablar de tus emociones con tu pareja es como hablar a una pared, es hora de trabajar en la comunicación. Discutir por lo mismo una y otra vez o dejar de hablar las cosas importantes solo os lleva a sentir que ya no os entendéis. Las cosas se malentienden, uno se guarda lo que siente y el otro se frustra. 

Sientes que no puedes relajarte ni disfrutar de la relación porque siempre hay una sombra de desconfianza. Es como vivir con una inquietud constante. Las dudas constantes sobre lo que hace tu pareja, mirar el móvil sin querer o sentir celos sin razón clara son señales para trabajar la confianza. 

Si te das cuenta de que hace tiempo que no tenéis una conversación profunda, o no os abrazáis como antes o el sexo se ha vuelto una rutina sin emoción. 

 Cuando uno quiere que los hijos duerman en su cama y el otro dice que no, o cuando las tareas del hogar se convierten en un tira y afloja.

Si te sientes como si vivieras con un compañero más que con una pareja. Pasáis mucho tiempo juntos, pero falta esa chispa, esa complicidad de antes. La relación se vuelve más como una convivencia que un vínculo emocional.

 Cuando las rutinas diarias o el trabajo te absorben tanto que no queda espacio para la relación, uno de los dos puede sentirse dejado atrás. Es fácil sentirse solo/a o que el otro ya no te apoya de la manera en que lo hacía, y la distancia emocional se empieza a notar.

Si sigues pensando en algo que tu pareja hizo hace meses o incluso años, o si las discusiones se vuelven más sobre lo que no se dijo que sobre el problema actual, es que hay resentimientos no resueltos, lo que puede acumular tensión y hacer que todo sea más difícil de manejar.

Sentir que tu pareja no está ahí cuando realmente la necesitas, ya sea para un consejo o solo para escuchar, es duro. Sientes que la relación está desequilibrada, como si solo uno de los dos estuviera «dando». 

 ¿Cada vez que surgen problemas, te sientes más herido/a que antes? Si las peleas se vuelven destructivas y nunca se resuelven, solo se empeora la situación. 

 La rutina puede hacer que la relación se vuelva predecible y aburrida. Si te das cuenta de que ya no hay sorpresas, que todo es igual. como que la relación se convierte en una repetición sin emoción.

¿CÓMO SE SI TENGO PROBLEMAS DE PAREJA?

LAS DIFICULTADES EN UNA PAREJA PUEDEN VIVIRSE ASÍ:

Si sientes que hablar de tus emociones con tu pareja es como hablar a una pared, es hora de trabajar en la comunicación. Discutir por lo mismo una y otra vez o dejar de hablar las cosas importantes solo os lleva a sentir que ya no os entendéis. Las cosas se malentienden, uno se guarda lo que siente y el otro se frustra. 

Sientes que no puedes relajarte ni disfrutar de la relación porque siempre hay una sombra de desconfianza. Es como vivir con una inquietud constante. Las dudas constantes sobre lo que hace tu pareja, mirar el móvil sin querer o sentir celos sin razón clara son señales para trabajar la confianza. 

Si te das cuenta de que hace tiempo que no tenéis una conversación profunda, o no os abrazáis como antes o el sexo se ha vuelto una rutina sin emoción. 

Cuando uno quiere que los hijos duerman en su cama y el otro dice que no, o cuando las tareas del hogar se convierten en un tira y afloja.

Si te sientes como si vivieras con un compañero más que con una pareja. Pasáis mucho tiempo juntos, pero falta esa chispa, esa complicidad de antes. La relación se vuelve más como una convivencia que un vínculo emocional.

Cuando las rutinas diarias o el trabajo te absorben tanto que no queda espacio para la relación, uno de los dos puede sentirse dejado atrás. Es fácil sentirse solo/a o que el otro ya no te apoya de la manera en que lo hacía, y la distancia emocional se empieza a notar.

Si sigues pensando en algo que tu pareja hizo hace meses o incluso años, o si las discusiones se vuelven más sobre lo que no se dijo que sobre el problema actual, es que hay resentimientos no resueltos, lo que puede acumular tensión y hacer que todo sea más difícil de manejar.

Sentir que tu pareja no está ahí cuando realmente la necesitas, ya sea para un consejo o solo para escuchar, es duro. Sientes que la relación está desequilibrada, como si solo uno de los dos estuviera «dando». 

¿Cada vez que surgen problemas, te sientes más herido/a que antes? Si las peleas se vuelven destructivas y nunca se resuelven, solo se empeora la situación. 

La rutina puede hacer que la relación se vuelva predecible y aburrida. Si te das cuenta de que ya no hay sorpresas, que todo es igual. como que la relación se convierte en una repetición sin emoción.

Hola, soy Lara Amigo

Soy Psicóloga General Sanitaria, y te doy la bievenida a Balarance Psicología, mi proyecto personal.

Aunque pueda sonar un poco raro, la verdad es que creé este proyecto para mí misma tanto como para ti. Nadie quiere sentirse vulnerable, ni admitir que algo no está bien, porque creemos que eso sería un fracaso. 

Yo sentía una incomodidad constante, trabajos que no me llenaban, rutinas que no me hacían sentir plena… y me daba miedo reconocer que no estaba bien por enfrentarme a ese supuesto fracaso que resonaba en mi cabeza una y otra vez cada vez que me planteaba salir de ahí. 

¿Qué me hizo dar el paso hacía un lugar donde no tuviera que fingir ni adaptarme a algo que no era para mí?

Las personas a las que he tenido la oportunidad de acompañar en su proceso. Cada paciente, cada caso, cada historia, cada vida. Comprendí que no hace falta tener todo resuelto, y tampoco hace falta que todo esté “perfecto” para buscar el cambio que necesitamos.

Las relaciones hoy en día no son fáciles: entre las presiones del día a día, las expectativas de los demás y el desgaste emocional, es normal que las cosas no siempre fluyan como esperábamos. Cada relación de pareja tiene su propio potencial, sus propias dinámicas, sus propios altibajos… por lo que no hay una receta única que podamos buscar en Google: “¿qué hacer si mi pareja y yo tenemos problemas?”

A veces es aprender a decir lo que realmente se piensa sin que suene a un ataque, o recordar que una conversación no es una competencia para ver quién tiene razón. Otras veces es que los desacuerdos cotidianos dejen de formar barreras que dificultan la cercanía entre ambos. También está el caso de quienes, después de la llegada de hijos, sienten que han perdido su espacio como pareja y ya no se reconocen como antes, o aquellos que, al convivir mucho tiempo juntos, dejan de prestarse atención y empiezan a dar por sentados ciertos detalles que antes los unían. En definitiva, a veces los malentendidos y hábitos invisibles pueden ir acumulándose, porque ninguna pareja tiene que ser perfecta. 

Pero también he visto cómo parejas comprendían mejor las dinámicas que estaban afectando a la relación, parejas que se redescubrían, parejas que comunicaban sus necesidades de forma más clara… En resumen, parejas que encontraban un nuevo equilibrio, que les permitía tener un vínculo más sólido. 

Lo que me ha brindado la experiencia como profesional con diferentes parejas es que no se trata de salvar una relación a toda costa, sino de ayudar a las personas a tomar decisiones conscientes sobre lo que realmente quieren y necesitan. Mi motivación es que pase lo que pase, la calidad de vida de ambos mejore, con más paz, autocomprensión y, si es el caso, un mayor respeto mutuo.

Soy una persona risueña, extrovertida, empática, amigable (tanto que lo llevo en el apellido), apasionada del deporte y de la música (mi estado de ánimo lo notaba mucho cuando se me olvidaban los cascos antes de subir al autobús) y trato de ser constante por lo que despierta mi interés.

Como psicóloga creo que la empatía es clave. Para mí, lo primero es que la persona se sienta escuchada, que note que estoy ahí, que no está sola en lo que está viviendo. Me gusta que las personas sientan que pueden expresarse libremente, sin sentirse juzgadas. Trato de ser cercana, sin perder de vista lo importante que es mantener un espacio profesional y respetuoso. Y sobre todo, me interesa entender lo que cada persona necesita para que su bienestar mejore.

¿POR QUÉ LA PRIMERA TOMA DE CONTACTO ES GRATUITA? 

1. Te permite conocerme sin compromiso.

2. A ti te ayuda a tomar una decisión informada, pero a mi también.

La terapia es un proceso personal, y es importante que sientas confianza en tu terapeuta. Ofrecer la primera sesión gratuita te da la oportunidad de decidir si empleo el enfoque adecuado para ti, si congeniamos… sin presión añadida. Además, a mi me da la oportunidad de hacerme una idea de tus necesidades y decidir sabiendo si como profesional puedo abordarlo.

Preguntas que puedes hacerte

No se trata de encontrar al «villano», mi rol no es juzgar ni inclinarme por uno u otro, es acompañaros en el proceso de manera justa y equilibrada. Lo que buscamos como profesionales, es entender qué está pasando entre ambos, no se trata de que uno gane o pierda, sino de encontrar soluciones que funcionen para los dos. De hecho, estudios han demostrado que en las parejas que logran hacer este trabajo, el 70% mejora su comunicación y con el tiempo se sienten más conectadas.  

La duración varía según cada persona y lo que estemos trabajando, pero no voy a estirar ningún proceso innecesariamente. Mi objetivo es que te sientas mejor lo antes posible, y que podamos terminar el tratamiento con confianza. Lo que realmente importa es que avances a tu propio ritmo. 

Muchas veces la idea de ir a terapia puede generar resistencia o miedo a enfrentarse a cosas incómodas, pero que tú estés dispuesto/a a dar el paso es un buen inicio. Te recomendaría que hablaras con tu pareja desde tu perspectiva, es decir, explicando que quieres acudir a terapia porque te importa la relación y quieres buscar una solución juntos, no porque haya algo «roto» que necesite reparación urgente.

Las sesiones tienen una duración de 60 minutos.

La realidad es que la terapia es un servicio caro, dado que requiere especialización, formación y dedicación. Siendo honesta contigo, no todos pueden permitírselo, y eso es una realidad difícil. Dicho esto, si decides que es el momento de invertir en ti mismo, mi compromiso es trabajar de forma eficiente para que puedas ver avances reales en el menor tiempo posible. 

Mi enfoque no es imponer que una relación continúe a toda costa, sino ayudar a comprender lo que está pasando y decidir lo mejor para ambas partes. A veces, eso puede llevar a que la pareja se fortalezca y otras veces puede ser que cada uno siga su camino de manera más saludable. Lo importante es que se tenga claridad sobre lo que se quiere y se necesita. 

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