¿Sabías que, según estudios, mudarse está catalogado como uno de los tres eventos más estresantes de la vida?
Es curioso como algo que al principio nos despierta mucha ilusión, emoción y fluye perfectamente comienza a convertirse en una fuente de estrés. Lo divertido que parece ir a comprar muebles y lo frustrante que es sentarte a entender las instrucciones de montaje. Al final, la mudanza se convierte en un desastre de cajas, muebles que no caben, y decisiones difíciles sobre qué tirar y qué no.
Y lo mismo pasa con las relaciones de pareja: al principio todo fluye, es emocionante, todo encaja. Pero con el tiempo, esas tensiones, malentendidos, o expectativas no cumplidas se van acumulando, igual que eso que juraste que tirarías el año pasado pero sigue estando en el armario.
En las mudanzas casi siempre llega un día en el que tienes que parar, revisar y reorganizar. Pides ayuda para tirar cosas que entiendes que no necesitas, comienzas a tomártelo con más calma, empiezas a decorar y a ver que realmente el espacio toma forma y sentido y se convierte en algo que disfrutas y es confortable.
Las parejas también necesitan momentos para revisar, reorganizar y decidir qué cosas pueden dejar atrás, qué cosas necesitan un poco más de atención y qué cosas realmente merecen seguir. Está bien que cuando una relación está llena de cajas por desempacar, hagamos cierta limpieza y evitemos convertir la relación en un almacén que cada día se llena más.





