¿TE HAS ACOSTUMBRADO A QUE NADA SEA SUFICIENTE?

juntos podemos encontrar soluciones

¿TE HAS ACOSTUMBRADO A QUE NADA SEA SUFICIENTE?

juntos podemos encontrar soluciones

Una cuerda de guitarra tiene una función muy clara: hacer música. Pero para que suene bien, debe estar perfectamente tensa. Si está demasiado floja, no produce un buen sonido. Si está demasiado tensa, puede romperse. Es un equilibrio delicado: estar lo suficientemente firme para dar lo mejor de sí, pero sin llegar a romperse por la presión.

El perfeccionismo y la autoexigencia se puede sentir como una cuerda de guitarra, solo que el ajuste constante es tuyo, y crees que para que se produzca una buena música tienes que cumplir con todas las expectativas, con cada pequeño detalle, porque si no sientes que algo se rompe, como si tu valor dependiera de ese resultado perfecto, esa melodía idónea que gusta a todo el mundo. 

Lo curioso es que, al igual que la cuerda de guitarra, cuanto más te tensas, más fácil es que te desgastes. Para que pueda funcionar bien tiene que mantener bien el equilibrio entre tensión y relajación, y tú también necesitas encontrar ese punto en el que te permitas aflojar un poco, ser flexible contigo mismo/a y poder funcionar de una forma saludable, donde lo que tienes sea suficiente, aunque no sea una música perfecta. 

¿Cómo sé si lo que me pasa es perfeccionismo o autoexigencia elevada?

 

 

A veces puedes sentir que por más que te esfuerces siempre sientes que hay algo que te impide estar satisfecho/a con lo que haces. 

Es posible aprender a ser más amable contigo mismo y darte cuenta de que no necesitas cumplir con estándares imposibles para ser valioso.

El perfeccionismo puede vivirse así:

La preocupación por los detalles se vuelve tan grande que a veces las tareas nunca se terminan, porque siempre puedes mejorar algo más. 

Resulta muy difícil dejar que otros tomen el control: Si dejas que otros hagan algo, sientes que no lo harán «como tú lo harías» y, por lo tanto, prefieres hacerlo tú mismo, aunque eso te sobrecargue de trabajo. La idea de que todo debe ser «como tú lo piensas» se convierte en un peso muy grande. 

El trabajo y la productividad se vuelven una prioridad, incluso sobre otras áreas de la vida: pones tanto esfuerzo en hacer las cosas a la perfección que te olvidas de descansar, de disfrutar de tus relaciones o de hacer actividades que te hagan feliz. Comienzas a pensar que si no estás siendo productivo todo el tiempo, no eres suficiente.

Sientes una voz interna que te dice que no eres suficiente, una autocrítica constante. Puede que te digas a ti mismo: «No lo he hecho lo suficientemente bien» o «Esto no es lo que esperaban de mí». A pesar de que los demás pueden ver tus logros, para ti nunca son suficientes. Esta voz crítica te lleva a sentir que nunca alcanzarás los estándares tan altos que te has impuesto.

 

¿Cómo sé si lo que me pasa es perfeccionismo o autoexigencia elevada?

 A veces puedes sentir que por más que te esfuerces siempre sientes que hay algo que te impide estar satisfecho/a con lo que haces. 

Es posible aprender a ser más amable contigo mismo y darte cuenta de que no necesitas cumplir con estándares imposibles para ser valioso.

El perfeccionismo puede vivirse así:

La preocupación por los detalles se vuelve tan grande que a veces las tareas nunca se terminan, porque siempre puedes mejorar algo más. 

Resulta muy difícil dejar que otros tomen el control: Si dejas que otros hagan algo, sientes que no lo harán «como tú lo harías» y, por lo tanto, prefieres hacerlo tú mismo, aunque eso te sobrecargue de trabajo. La idea de que todo debe ser «como tú lo piensas» se convierte en un peso muy grande. 

El trabajo y la productividad se vuelven una prioridad, incluso sobre otras áreas de la vida: pones tanto esfuerzo en hacer las cosas a la perfección que te olvidas de descansar, de disfrutar de tus relaciones o de hacer actividades que te hagan feliz. Comienzas a pensar que si no estás siendo productivo todo el tiempo, no eres suficiente.

Sientes una voz interna que te dice que no eres suficiente, una autocrítica constante. Puede que te digas a ti mismo: «No lo he hecho lo suficientemente bien» o «Esto no es lo que esperaban de mí». A pesar de que los demás pueden ver tus logros, para ti nunca son suficientes. Esta voz crítica te lleva a sentir que nunca alcanzarás los estándares tan altos que te has impuesto.

 

Hola, soy Lara Amigo

Soy Psicóloga General Sanitaria, y te doy la bievenida a Balarance Psicología, mi proyecto personal.

Aunque pueda sonar un poco raro, la verdad es que creé este proyecto para mí misma tanto como para ti. Nadie quiere sentirse vulnerable, ni admitir que algo no está bien, porque creemos que eso sería un fracaso. 

Yo sentía una incomodidad constante, trabajos que no me llenaban, rutinas que no me hacían sentir plena… y me daba miedo reconocer que no estaba bien por enfrentarme a ese supuesto fracaso que resonaba en mi cabeza una y otra vez cada vez que me planteaba salir de ahí. 

¿Qué me hizo dar el paso hacía un lugar donde no tuviera que fingir ni adaptarme a algo que no era para mí?

Las personas a las que he tenido la oportunidad de acompañar en su proceso. Cada paciente, cada caso, cada historia, cada vida. Comprendí que no hace falta tener todo resuelto, y tampoco hace falta que todo esté “perfecto” para buscar el cambio que necesitamos.

He trabajado en distintos centros que han permitido que entre mis especialidades se encuentre el trabajo con trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo, relaciones de pareja y dificultades sexuales.  

A lo largo de los años, he visto cómo esta presión impacta en la confianza y la tranquilidad de diferentes personas, cómo este tipo de autoexigencia afecta en la gran mayoría de ámbitos de la vida, generando una sensación constante de insatisfacción y agotamiento. Recuerdo casos de personas que se paralizaban ante la idea de cometer un error, y que sentían que todo su valor como personas dependía de cumplir con expectativas casi inalcanzables. 

Mi motivación en estos casos es encontrar juntos una forma de no ser tan duros con uno mismo, soltar un poquito esa presión y dejar de tratar cada día como si fuera el último capítulo de una serie épica. Porque, sinceramente, vivir así es un desgaste. En tu mente lo que más está presente es el “no puedo más» y la sensación de que nunca puedes relajarte o sentirte bien con lo que haces, y seguramente estés muy cansado/a de cargar con esa presión todo el tiempo. Como si nunca pudieras simplemente parar y respirar porque siempre hay una lista de cosas que «deberían» ser diferentes. 

Pero he de decir que muchas personas han logrado tomar distancia de esa presión constante, redescubriendo el valor de los pequeños logros y, sobre todo, aprendiendo a ser más compasivos consigo mismos. ¡Y están mucho mejor lanzando esa capa de superhéroe lejos!

Soy una persona risueña, extrovertida, empática, amigable (tanto que lo llevo en el apellido), apasionada del deporte y de la música (mi estado de ánimo lo notaba mucho cuando se me olvidaban los cascos antes de subir al autobús) y trato de ser constante por lo que despierta mi interés.

Como psicóloga creo que la empatía es clave. Para mí, lo primero es que la persona se sienta escuchada, que note que estoy ahí, que no está sola en lo que está viviendo. Me gusta que las personas sientan que pueden expresarse libremente, sin sentirse juzgadas. Trato de ser cercana, sin perder de vista lo importante que es mantener un espacio profesional y respetuoso. Y sobre todo, me interesa entender lo que cada persona necesita para que su bienestar mejore.

¿POR QUÉ LA PRIMERA TOMA DE CONTACTO ES GRATUITA? 

1. Te permite conocerme sin compromiso.

2. A ti te ayuda a tomar una decisión informada, pero a mi también.

La terapia es un proceso personal, y es importante que sientas confianza en tu terapeuta. Ofrecer la primera sesión gratuita te da la oportunidad de decidir si empleo el enfoque adecuado para ti, si congeniamos… sin presión añadida. Además, a mi me da la oportunidad de hacerme una idea de tus necesidades y decidir sabiendo si como profesional puedo abordarlo.

Preguntas que puedes hacerte

Es completamente comprensible que pienses que el perfeccionismo es algo inmutable, porque a menudo a formado parte de tu identidad, pero la realidad es que sí tiene arreglo. Es un patrón que se puede cambiar: la ciencia demuestra que el cerebro tiene una gran capacidad de adaptarse y cambiar (esto se llama neuroplasticidad), por lo que es posible modificar esos patrones de pensamiento y comportamiento. No se trata de dejar de ser tú, sino de encontrar una forma más equilibrada de vivir, sin tanta presión.

La duración varía según cada persona y lo que estemos trabajando, pero no voy a estirar ningún proceso innecesariamente. Mi objetivo es que te sientas mejor lo antes posible, y que podamos terminar el tratamiento con confianza. Lo que realmente importa es que avances a tu propio ritmo. 

La razón suele ser que muchas veces ponemos las necesidades de los demás o las expectativas externas por encima de las nuestras, lo que se puede relacionar con el miedo al rechazo, la culpa o la creencia de que nuestras propias necesidades no son tan importantes. Podemos trabajar en redefinir esas creencias para que puedas aprender a darte prioridad: entender que cuidar de uno mismo no es egoísta, sino fundamental para poder dar lo mejor de nosotros a los demás.

Las sesiones tienen una duración de 60 minutos.

La realidad es que la terapia es un servicio caro, dado que requiere especialización, formación y dedicación. Siendo honesta contigo, no todos pueden permitírselo, y eso es una realidad difícil. Dicho esto, si decides que es el momento de invertir en ti mismo, mi compromiso es trabajar de forma eficiente para que puedas ver avances reales en el menor tiempo posible. 

El perfeccionismo puede hacer que te cueste decir «no», por miedo a no cumplir con las expectativas de los demás o a sentirte culpable, lo que te conduce a sentir frustración y agotamiento y en cierto modo a tener la sensación de no controlar tu vida. Es importante entender por qué esto sucede y trabajar con herramientas prácticas para empezar a poner límites de manera gradual y segura.

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